MÁRTIRES DE IGUALA

Estimado Sr. Gordillo:

Espero que este comentario merezca su atención y decida publicarlo en ECOS, yo sé que es un tema muy debatido y muy difundido desde el 26 del pasado mes. Sin embargo pienso que algo puede ayudar a esclarecer lo que aconteció en Iguala Guerrero.

A escasos pocos días de que se cumpla un mes de los dolorosos hechos de Iguala, Guerrero, esta es la hora que aún oficialmente se desconoce el paradero de 43 normalistas, no obstante que han abundado declaraciones de diferentes fuentes. Si la PGR niega la realidad, es por cualesquiera otros motivos porque las confesiones están muy claras empezando con lo declarado por el subprocurador de Guerrero, el pasado 5 de octubre. Este funcionario dijo palabras más palabras menos: en las fosas encontradas en las inmediaciones de Iguala en un paraje denominado Pueblo Viejo fueron asesinados y quemados. Los colocaron sobre una cama de ramas y troncos y para acelerar la lumbre les regaron substancias altamente inflamables que bien pudo ser diésel o gasolina. Esto coincide con el contenido del escrito del padre Alejandro Solalinde y que este lunes se negaron a recibirlo argumentando de que no se encontraba el titular de la SEIDO, Rodrigo Archundia. Hay que subrayar que Solalinde según él fue informado por testigos de los hechos y por 2  padres de los estudiantes desaparecidos. El gobierno no los encuentran porque los buscan donde no están. Este es comentario de uno de los estudiantes que corrió mejor suerte al lograr huir antes de ser alcanzado por las balas. En general las explicaciones vertidas por el titular de la PGR, Lic. Jesús Murillo Karam a nadie convence y mucho menos a los atormentados y adoloridos padres de los estudiantes caídos. Estos ven que a los peritos nacionales y extranjeros no efectúan sus trabajos de investigación en las condiciones adecuadas que les permitan dar resultados reales. Ha trascendido que únicamente informan lo que funcionarios de la PGR les dictan de acuerdo al plan oficial. Si esto es cierto como todo da a indicar que lo es, no podemos menos que dolernos profundamente de los familiares de las víctimas que ha transcurrido semanas con la esperanza de volver a verlos con vida o en el peor de los casos sus restos, cuando la realidad es totalmente distinta y que los convierte en doblemente víctimas del crimen.

Atentamente: Juan de la Peña

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