EVIDENTE NEGLIGENCIA EN LA CONDUCCIÓN DE LA COMISIÓN NACIONAL DE DERECHOS HUMANOS
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) es una de las instituciones más nobles del país, y fue creada a finales del siglo pasado con la intención de salvaguardar los valores más altos de nuestra sociedad y proteger al ciudadano de cualquier abuso de autoridad. Su sola existencia representa el interés de los mexicanos por llevar al país por la vía civilizatoria y no por la de permitir el exceso de los poderosos.
Sin embargo, preocupa que aun cuando en los últimos cuatro años la Comisión Nacional de los Derechos Humanos incrementó su presupuesto en 55.21%, todavía existan casos en los que ha tardado más de dos años en resolver una queja ante situaciones graves, y el número de recomendaciones que emite va en descenso.
Además, si se divide el total de los recursos públicos que recibió en el periodo 2010-2013 entre el número de expedientes en los que concluyó una investigación y acreditó violaciones a las garantías por parte de alguna autoridad, cada caso costó al erario entre 10 y hasta 15 millones de pesos.
Recomendaciones caras, baja productividad e ineficiencia no es lo que los mexicanos esperaríamos de la CNDH. Por el contrario, lo que el país necesita es que haya certeza en este rubro. Todavía es muy alto el número de denuncias ciudadanas de casos de tortura, desaparición forzada, negligencia y discriminación, entre muchas otras, como para que la Comisión se vaya burocratizando y haciendo lenta.
Prueba de que hay mucho por hacer es la cantidad de recomendaciones que a su vez México recibe por parte de organismos internacionales que vigilan la aplicación de los derechos humanos en el país. Principalmente la oficina de la ONU en esos temas y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, suelen ser duros con lo que aquí pasa. Casos que en no pocas ocasiones pasaron en su momento por la CNDH sin que se hubiera obtenido respuesta alguna.
El próximo relevo en la presidencia de ese organismo ha de servir para reflexionar sobre el camino que deberá asumir la Comisión en los próximos años. El debate habrá de ser abierto y de cara a la sociedad, dentro de la civilidad que se espera para quienes la aspiran a encabezar. Buscar la CNDH con guerra sucia o malas artes no abona en nada al estatus en México de los derechos humanos.