¿CAOS EN MEXICO POR FALTA DE DERECHOS HUMANOS Y EXCESO DE CORRUPCION?
Lo acontecido en Ayotzinapa, municipio de Iguala, en Guerrero, donde murieron un grupo de estudiantes que viajaban en varios camiones hacia el Distrito Federal, lejos de haber causado gran conmoción e indignación, ha enriquecido a los medios, que en excesivas notas virales y tendenciosas, han reducido a México, país de realidades tan diversas, a ser exclusivamente “tierra de nadie”.
El relato repetido hasta el cansancio, no ha aportado detalles concretos que ubiquen a los 43 jóvenes, interceptados por una patrulla y ultimados a disparos por “oficiales”. Pues hasta hoy no han esclarecido si fueron policías, delincuentes, sicarios o autoridades que ordenaron dieran fin a sus vidas.
El tema que se han limitado a “urgir” es sed de justicia. Y se ha tornado al: morbo, lo lascivo, lo pasivo y lo estéril. Evidenciando casos similares de años atrás que son constantes en todo rincón inhóspito de la República, sin que las autoridades detengan la proliferación de muertos y sí nieguen a sus familias, múltiples derechos que se supone les confiere la ley, como el más importante salvaguardar su vida.
¿De qué sirven leyes e interminables modificaciones si no se cumplen? ¿Para qué debemos mantener empleados en cámaras del Senado y Diputados? ¿Con qué fin subsisten instituciones de seguridad y justicia, gobiernos locales, municipales, estatales y el federal? Si tanto autoridades como delincuencia trasgreden la ley, y se pone de moda exigir derechos y el poder los niegue aun cumpliendo obligaciones.
Ya “chole” de informar y analizar escandalosamente y quedarse ahí. O de disque “trabajar” por el o los derechos que nunca respetan. Basta de clamar justicia de palabra sin mover ni un dedo. Como la mayoría de mantenidos de gobierno que en retóricos discursos, suponen, hacen valer la ley y cumplir con su “deber”. Cobrando sueldos inmerecidos que solo destinan para hacer turbias negociaciones personales que cuestan la vida de muchos y ni vela tienen en el entierro de sus enjuagues.
¿A usted amable lector no le ha caído el veinte, ante tanta parafernalia política y lasciva corrupción fomentada sin saberlo, por su actitud de complicidad silenciosa? ¿Tiene la sangre tan densa y el ánimo perplejo que conforme acepta herencias falsas como: “Estudiantes deben luchar contra la injusticia”?
En lugar de simplemente cumplir con su derecho y al mismo tiempo obligación social, de educarse y aplicar esos conocimientos en el hogar, dentro y fuera de la escuela para bien vivir. Y lejos de TENER que adaptarse a abusos de un sistema desordenado, nieguen el ser “héroes” o más bien esclavos, de incitadores al odio y la venganza que cómodamente desde los curules ¿Suponen los defienden?
Acaso debemos acostumbrarnos a la violencia física y verbal de todo tipo, trillada últimamente a conveniencia de “gobiernos e instituciones públicas y educativas” que lejos de cumplir dicen “hacerlo” y sólo están llevando a México al caos para favorecerse económicamente. Y a su vez a gobiernos extranjeros con los que pactan. Ignorando con su actuar diario los casos como el de Ayotzinapa, donde sólo si hay reflectores les sirven para definir posturas de oscuras negociaciones de poder.
Amigo lector, miembro de una familia ¿Seguirá apático entre los discursos de engañosos incluso dentro y fuera de su hogar; de “gobiernos”, instituciones “educativas” y sociales que sólo proyectan pasividad ante la muerte del ejemplo aquí citado, producto de la corrupción y la falta de derecho? ¿Seguirá usted creyendo que este caso y el de las muertas de Juárez o la trata de personas, o elija usted el que le parezca, son algo “normal” consecuencia de los usos y costumbres mexicanas?
¿De qué forma sensata, creativa edificante y ajena a la crítica estéril, usted, sí usted, hará algo para que desde su interior y en actitud individual induzca con su ejemplo a otros a detener el caos en nuestro país, amplio en territorio, rico también por su gente trabajadora? Deje con su apatía de optar por el NO respeto incluso hacia sí mismo, en el tema vial UNO y UNO y ecológico preservar árboles que tantas hojas tiran y no se destrocen por obras públicas. Por ejemplo. Y de una vez por todas erradique esa patética indolencia hacia la corrupción. No, no lo comente con otros, antes deténgase a observar y a pensar. Si gusta lo comentamos al siguiente artículo.
Lic. Julieta Camacho Ríos (CONTINUARA).