EL PAIS SE ENFRENTA A UN CALDO DE CULTIVO PROPICIO A LA IRASCIBILIDAD SOCIAL
* A LA INSEGURIDAD
* DESCONFIANZA A LAS INSTITUCIONES
* ¿COMO CAMBIAR LAS COSAS?
*IMPERATIVOS ESPACIOS DE OPORTUNIDAD
Una gran contradicción aqueja al mundo: hoy los jóvenes están cada vez más preparados en sus ámbitos de estudio y, sin embargo, a diferencia del pasado eso ya no les garantiza un futuro profesional. Ni siquiera les provee la certeza de un trabajo bien remunerado. Ese quizá es el choque más abrupto para los nacidos desde los años 80 a la fecha, personas que ya no encajan en un mundo que funcionó para generaciones previas, no para ellos.
El Panorama Educativo 2013, estudio de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), dice que 7.2% de quienes tienen estudios universitarios en América Latina y están en un rango de edad de 25 a 34 años no tienen trabajo. En cambio sólo 3.4 % están en esa situación entre los adultos de 35 a 44 años. Es decir, mientras más jóvenes son, menos posibilidades de empleo tienen.
En México, 58% de esos jóvenes con menos oportunidades de entre 25 y 34 años de edad abandonaron sus estudios antes de completar el bachillerato. Junto con Turquía, nuestro país ocupa el primer lugar en deserción entre los 34 países que forman parte de la OCDE. México además es líder en cuanto a la tasa de pobreza laboral, es decir, aquellas personas que pese a estar empleadas no tienen los recursos suficientes para cubrir necesidades básicas como alimentación.
La población no se ha acostumbrado a la pobreza. En las encuestas del Latinobarómetro ha venido a la baja la apreciación en México por la democracia y su capacidad de mejorar el nivel de vida. De hecho, en el último estudio un abrumador 37% dice que le da lo mismo si el sistema en el que vive es democrático o autoritario, en tanto sólo 36% se manifiesta favorable al primero.
Los jóvenes están extendiendo la estadía en casa de sus padres ante su incapacidad de adquirir vivienda propia, carecen de trabajo, acumulan deudas. Si a la falta de oportunidades para una mejor calidad de vida se suma que las generaciones más recientes son también más ambiciosas e individualistas menos apegadas a conceptos tradicionales de comunidad, tradición y familia, nos encontramos con una combinación de elementos volátiles para la convivencia pacífica.
El país se enfrenta a un caldo de cultivo propicio para los problemas que se están presentando: inseguridad, desconfianza en las instituciones, irascibilidad social.
¿Cómo cambiar las cosas? No es cuestión de voluntad política solamente, hace falta crear espacios de oportunidad como los abiertos con las reformas económicas recientes pero también garantizando trato justo a trabajadores, piso parejo entre competidores y una red de seguridad social con mejor calidad.