HOY LAS VICTIMAS SON LOS MAESTROS; MAÑANA LA SOCIEDAD ENTERA

Un ángulo poco estudiado de manera formal en la relación maestros-alumnos es el de la presión ejercida por los estudiantes contra profesores. El tema no es menor, pues en algunos casos estas situaciones alcanzan incluso niveles de riesgo para la integridad física de los profesores.

Quienes se metieron a revisar el asunto fueron la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), que advierten que en muchas ocasiones los mentores estén más preocupados por su seguridad en lugar de enfocarse en la educación de los estudiantes. En un documento de trabajo elaborado por ambas dependencias para hacer frente al acoso escolar, señalaron que los maestros son víctimas de amenazas, contestaciones irrespetuosas, insultos, actitudes de desafío, negativa a obedecer indicaciones, así como robos y daños de bienes autos, prendas de vestir y pertenencias, golpes y empujones.

Al meterse a estudiar el bullying entre los alumnos, de manera colateral salió este tema, que también debe revisarse, porque es, entre muchas otras señales de alarma de una comunidad, uno de los síntomas de la descomposición del tejido social. Es una manifestación de lo equivocado que es vivir en la “ley de la selva”, donde las jerarquías institucionales no importan, sino la primacía del más fuerte.

Permitir que los alumnos actúen delictuosamente porque amenazar y hostigar son delitos es reforzar en ellos las actitudes equivocadas que nos han llevado a la inseguridad y violencia en la que hemos estado inmersos en los últimos años. La educativa, la cultural, no es la única causa de la violencia, pero quizá sí la más difícil de erradicar. Los menores crecen con el hábito de hacer cualquier cosa sin consecuencias.

Hoy las víctimas son los maestros; mañana la sociedad entera.

Peor todavía, hay evidencia de que el acoso de los alumnos a los maestros no siempre es una iniciativa solitaria del estudiante, sino que en muchas ocasiones tiene el respaldo de su entorno social y familiar. Esto demuestra que el problema es la escuela y los controles dentro de ella, pero también la falta de estructura dentro del hogar y los valores que en él se están transmitiendo.

Sin atender este problema, el círculo de paz y reconciliación social estaría incompleto.

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