
En estos momentos por los que atraviesa la humanidad, no existe otra mayor preocupación que no sea la de la incertidumbre de que hasta donde llegará a causar estragos el Coronavirus19. Aún, sin sentido, o con muy poco de él, en diversos países existe la duda d…
En estos momentos por los que atraviesa la humanidad, no existe otra mayor preocupación que no sea la de la incertidumbre de que hasta donde llegará a causar estragos el Coronavirus19. Aún, sin sentido, o con muy poco de él, en diversos países existe la duda de que si Covid es invento de la perversidad de gobernantes, o es obra de la madre naturaleza, fatigada de soportar cuanto deterioro ambiental, en general, tanto por la irresponsable población como por las grandes industrias internacionales. La dramática y trágica verdad es que, sea por una o por otra causa, ya está aquí, y lo más probable es que llegó para quedarse un buen rato: debemos aprovecharlo para finalmente sacar el máximo beneficio: mejorar los hábitos personales y familiares de higiene preventiva; prestar mayor atención a una alimentación que no solamente satisfaga el hambre y la sed, sino que principalmente se transforme en fortaleza contra todo tipo de enfermedades, de manera especial de aquellas contagiosas. Estas recomendaciones deben ser aplicadas puntualmente, sin distingo alguno, a la población del campo como la urbana. Exigirles a las autoridades su fiel compromiso, si es que no queremos vivir bajo la amenaza de pérdidas millonarias de dinero y de seres humanos, como se ha venido presentando desde hace 6 meses.
El pasado sábado 18, las cifras que dieron a conocer las autoridades sanitarias internacionales son, por demás aterradoras: 14 millones de personas contagiadas y casi un millón que descansan en los panteones y numerosas fosas comunes. Las cifras son elocuentes; elocuentes por sí solas, pero ¡cuánto dolor y hogares enlutados!; ¿cuántos huérfanos y viudas se están quedando sin el sostén del hogar; sin el compañero (a) de toda la vida?
No es prudente señalar culpables. Busquemos mejor lo sabio: ¿cómo aprovechar esta “calamidad” para nuestro crecimiento moral, mental, intelectual y espiritual? Cuando cambiemos nuestra postura mental habremos cambiado: La tragedia y la desesperanza por la paz y tranquilidad; por la alegría de vivir y la felicidad espiritual. ¿Algo más...?
Pablo Gómez Tarso